Pasan ocho días más hasta que oigo hablar de algún cambio. Ocho días en los que David es perfectamente amable, complaciente y cariñoso. Aunque es dolorosamente obvio que todo su cariño se detiene en un simple beso.
Sé por qué. Sería idiota si no lo supiera.
Está al teléfono prácticamente todo el día, hablando con gente cuyos nombres no consigo recordar. Habla en voz baja cuando está cerca de mí o se retira al estudio por completo.
O la organización de David ya es más grande de lo que pienso, o