#45: Nora
«Hola, muñeca.»
Las palabras me golpearon como un puñetazo, robándome el aliento. Me quedé congelada en la puerta, agarrando el marco con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos. Los ojos de David permanecían fijos en los míos, con esa intensidad familiar que atravesaba el agotamiento y el dolor marcados en su rostro.
—¿Estoy soñando? —susurré, con la voz quebrada.
Él dejó el vaso de gelatina con cuidado, haciendo una mueca al moverse contra las almohadas.
—Ven a comproba