11. CAPÍTULO

Casi se atragantó con su declaración sin filtros, sin anestesia.

Ya lo temía, ningún hombre iba a darle una mano sin exigir a cambio un pago. En ese caso, el costo era su cuerpo.

Tembló.

—Deja que lo piense, por favor.

No era algo que pudiera tomar a la ligera, a pesar de ya haberse entregado.

—Como quieras.

Se alejó, pero sonrió al notar que logró su cometido. Ella iba a aceptar, no tenía opción, era eso o quedarse en la calle sin un solo centavo. Si es que no volvía a casa con su malvada madr
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