CAPITULO VEINTICINCO

Isabella

No he comido en días, mi cuerpo está débil, esos hombres vienen cada noche a inyectar un líquido espeso y doloroso de color rojo, parecido a la sangre coagulada. Después de cada inyección término retorciendo mi cuerpo del calor que me invade, quedo paralítica por minutos y después caigo en un sueño profundo.

No tengo la menor idea de cuantos días han pasado, a pesar de ver el s

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