CAPITULO TREINTA Y DOS

Desde que desperté ese día, en esa cama, sin ningún recuerdo, el miedo que me atormenta día y noche es el de no poder confiar en alguien. Temía que todos me dijeran mentiras, por eso mismo estuve reacia desde el inicio a creerles a los cazadores, solo escuchaba sus palabras y no me las tragaba. Era un constante, todos los días, todas las horas, cada minuto... contaba incluso los segundos. El miedo podía más conmigo.

En los primero

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