CAPITULO TREINTA Y CUATRO

Erickson

Por la ventana de la oficina del nuevo alfa Maxwell, observaba como mi amada se divertía con la bruja que alguna vez la ayudó a entrenar. Aún recuerdo esos días llenos de paz. Aunque para mí no eran así, ya que esa misma bruja que parecía una oveja mansa, se la pasaba persiguiéndome para no dejar que tocara a mi mujer. Se siente como si hubiera sido ayer, sobre todo por los golpes.

–Mí

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