CAPITULO DIEZ

El aire golpeaba mi cuerpo con fuerza. Mi cabello castaño se movía al ritmo del viento, en el aire ya no se sentía ese delicioso olor a bosque y tierra mojada. Simplemente estaban los olores que percibía como normales. Mi cabeza estaba inclinada y mis manos en mi regazo acariciando una flor de Loto. Supongo que así se siente cuando rechazas a tu mate.

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