Capítulo 36. ¿Por qué estás aquí?
Astrid miró a su hijo, había regresado tarde de la oficina, Leviatán y ella habían tenido dos rondas más de sexo. Su coño dolía, pero se sentía satisfecha.
—Lamento la demora, cariño —musitó cuando Nathan le tendió los pequeños brazos para abrazarla.
—No tienes por qué preocuparte, Astrid. Nathan se ha portado bien como todos los días —le dijo Zarek, viéndola desde el umbral de la puerta. El íncubo tenía un aspecto despreocupado.
—Me ha sorprendido verte aquí —murmuró Astrid, caminando a la cun