Tobías
De pronto ese suave contacto se transforma en uno mucho más rudo, demandante. Sus manos se adhieren a mi cintura, mientras su lengua arrasa con la mía, en una batalla por dominar al contrario. Lamentablemente, necesitamos separarnos por falta de oxígeno, con desesperación busco su mirada, necesito su aprobación. Se separa de mí, busca mantener cierta distancia, no me mira a los ojos, esta incertidumbre comienza a consumirme de una manera lenta y tortuosa.
—Tobías—, con voz calma rompe la