Tobías
— ¡Maldito infeliz!— Me toma del mentón obligándome a mirarle a la cara—. ¡Tú eres el culpable de todas mis desgracias!— Entrecierra los ojos frunciendo el ceño—. ¡Te odio, te odio tanto Tobías!— Sus palabras arrastraban tanto desprecio.
Una vez más guardo silencio. ¿Qué puedo decir en un momento como este? ¡Absolutamente nada! Ahora lo único que deseo es desaparecer de su campo visual y romper en llanto. Llorar desconsoladamente mientras me lamento por mi miseria. En este preciso moment