Kadet Kravec
Fany se había quedado desparramada en el sofá los últimos cinco minutos y le di su tiempo para que recuperara la compostura mientras yo la admiraba. Su piel brillaba y la sonrisa bobalicona no desaparecía de su cara.
Nunca creí que una virgen me permitiría joderla de esa forma, pero ella había parecido disfrutar de cada segundo. Sus gritos pidiéndome más y el balbuceo de sus labios soltando mi nombre sería algo que nunca olvidaría y definitivamente la haría repetirlo una y otra vez