Laila miró a la secretaria de Franco esperando que ella sonriera y le dijera que estaba jugando. No había manera que Franco se hubiera marchado justo el mismo día que habían acordado reunirse.
Su cita había sido acordada con tres días de antelación. Franco le había dicho que el viernes por la tarde tendría el tiempo para responder todas sus preguntas, pero ahora que estaba en su empresa, su secretaria le decía que él había decidido adelantar sus planes del fin de semana.
—Debe haber un error.