"Oh Dios... Eres mi daddy, mi maldito daddy. ¡John!" Jadeas ruidosamente, deliciosamente borracha de placer, mientras John besa, con la boca abierta, una zona erógena debajo de tu oreja, su mano apretando tu garganta, su respiración agitada te pone la piel de gallina.
"Jesucristo, eres tan dulce, tan perfecta...", dice John arrastrando las palabras.
Deja escapar un gemido ahogado cuando tus pies empujan su trasero y lo alientan a enterrarse profundamente dentro de ti, derramando hasta la últim