Su boca persuade a la tuya. Sus besos son más desesperados que antes y respondes a su necesidad con caricias cada vez menos inocentes. Estás perdiendo la cordura en ese momento de pura urgencia. John te lame la boca hasta que estás jadeando y sudando, a pesar del frío de la noche. La presión que tiene sobre tu cuerpo duele un poco, pero te olvidas de eso en cuanto su boca baja hasta tu cuello y hace un desastre como lo hizo la última vez en los establos. Tus piernas se abren mientras él empuja