Dimitri
—¿Acaso piensas que es fácil ignorar tus coqueteos en el trabajo? —Murmuré en el oído de Ludmila mientras entrábamos a mi apartamento y la arrinconaba contra la pared—Eres tan bonita, cariño, que nadie podría ignorarte.
—Tú si que puedes ignorarme cuando te da la gana ¿O no es así? —Se separó un poco de mí—Desde aquella primera vez en la que confesamos lo que sentíamos por el otro, no hemos dejado de tener sexo cada vez, sin embargo, no damos el siguiente paso.
Asentí. Quizás tenga toda