¡Esa no es la verdad!...
Julie estaba en la habitación, con el enojo subido al mil por ciento, no podía creer que éste Tomás, era él hombre de quién se había enamorado, era tan terco, se veía tan cambiado.
— ¿Debo creer que me enamoré del hombre, equivocado?— reflexionó Julie después de estar más calmada.
— ¡Yo no te pedí que vinieras!— dijo Tomás— estás acá porque te da la gana.
— ¡Tomás, estoy aquí porque me importas! Me enamoré de tí y estoy dispuesto a luchar por nuestro amor si tú estás de acuerdo— dijo ella con