No podía entender ni una palabra de lo que me decía, mientras observaba perdida la cafetería, había algunos alumnos comiendo y riendo.
— ¿Rose, puedes responderme?
No podía reaccionar, sentía en el pecho una opresión bastante fuerte, era como si había visto al mismísimo diablo. «¿Qué m****a me pasa?»
— ¡Debo irme!
Me levante y comencé a caminar a toda velocidad mirando hacia mi teléfono buscando el contacto de mi hermano, además sentía miradas de más, como si todos ya supieran que fui yo la