La fuerza y el tono con los que Bella le arrojó el medicamento hicieron que la expresión de Pedro se volviera cautelosa.
Enarcó una ceja. —¿Acaso intentas asesinar a tu propio marido?
Bella incluso llegó a dudar de si Pedro realmente estaba fingiendo confusión, ¿cómo podía tener la mente tan clara si tenía fiebre?
—Sí, te mataré para así poder heredar tus bienes y convertirme en una feliz y adinerada viuda.
Bella le acercó el vaso de agua con poco entusiasmo. —No pierdas más el tiempo, bebe y tr