—Señorita Llona, no es necesario.
Dijo Bella, aunque su brazo le dolía un poco. Al mirar la herida, vio que solo era un rasguño superficial, no lo suficientemente grave como para llamar a una ambulancia.
—Voy a ir a la farmacia a limpiarlo y comprar algo, primero esperemos a que llegue la policía.
—¡Deberías ir al hospital! —exclamó Natalia, frunciendo el ceño—. ¡Si se infecta, no es un asunto menor!
—Mi conductor está más adelante, que él te lleve. Yo me quedo aquí para esperar a la policía.
Si