Eran Laura y Elio.
Laura, ataviada con un sencillo traje de oficina, había dejado atrás el aire de niña mimada para adoptar un porte más profesional.
Por su parte, Elio lucía un impecable traje a medida que denotaba su posición dominante.
La sorpresa se reflejó por un instante en los ojos de Laura. —¿También han venido a cenar? ¡Qué casualidad! —dijo ella con amabilidad.
—Sí, qué coincidencia. —respondió Bella.
—¿Y tú qué haces aquí? —intervino Carlos, algo impaciente.
—¡No tenía ni idea de que