Decidieron desayunar en el afamado café del barrio.
Carlos ya había hecho la reserva, y cuando se sentaron, enseguida les sirvieron toda clase de exquisitos aperitivos.
Bella probó unas deliciosas empanadillas de camarón, cuyo sabor era delicado y suculento.
Al ver que Carlos no tocaba nada, lo apremió: —Deberías comer algo, que luego tienes que volver a la oficina para la reunión con tus colegas del banco.
Carlos le puso en el plato a Bella un pan de crema. —He avisado a mi secretaria que pospo