Al ver la expresión apremiante de Carlos, Bella no pudo evitar soltar una risita. —Estaba bromeando contigo.
—No es por Pedro, la abuela Romero y la señora Romero han sido muy amables conmigo, así que estaré encantada de ayudar en lo que pueda. —explicó ella.
Al oír eso, una sonrisa seductora y apasionada floreció en el apuesto rostro de Carlos. —Bella, eres una persona tan bondadosa y hermosa.
—Ay, no, no —Bella se frotó el brazo, incómoda—. Señorito Sánchez, por favor, mantén la compostura. No