—No te molestes.
Dijo Daniel, el conductor, con desdén. —Acabo de darte agua y no quisiste, ¿a quién culpas?
Bella se sentía completamente débil, su cabeza empezaba a nublarse.
—¿Qué... pretendes...? —logró decir con esfuerzo.
—Ya lo verás cuando lleguemos.
Al escuchar esas palabras, Bella supo que se encontraba en grave peligro.
Se desplomó en el asiento trasero, haciendo un último esfuerzo por alcanzar su bolso y encontrar su teléfono móvil.
Presionó con fuerza el botón de marcación rápida de