Ante el interrogatorio de Anna, a Pedro se le acabó la paciencia.
—No importa cuáles hayan sido tus razones, ¡tú fuiste quien lo hizo! ¿Crees que con decir que no tenías más remedio puedes zafarte así como así?
De pronto, Anna rompió a reír, aunque sus ojos brillaban con lágrimas contenidas. —¡Sí, fui yo quien lo hizo!
»Pero si tú realmente tuvieras sentimientos por Bella, ¿cómo es posible que la hayas llegado a odiar por unas cuantas palabras de los demás? Si vuestra relación fuera inquebrantab