—¡Y también casi quiebra a la familia Fernández! —dijo Bella fríamente—. Lo mejor es que convenzas a tu padre de confesarse por su conducta ilegal, así tal vez tengan una oportunidad de obtener clemencia.
—¡Quieres obligarnos a morir! —gritó Claudia entre lágrimas—. Si el negocio se nos va, ¿cómo vamos a vivir en el futuro?
Bella respondió: —Toda persona debe pagar el precio de sus actos. Ustedes hicieron algo malo, así que debieron pensar en las consecuencias.
—¡¿Qué precio y qué consecuencias?