En el segundo piso del café, donde reinaba la quietud y había poca gente, Bella pudo ver a Daniel en un rincón.
Daniel ya no mostraba aquel aire resuelto y arrogante de antes. Vestía una chaqueta con capucha que le cubría gran parte de la cabeza, y miraba con aire sombrío hacia un perro callejero.
Después de todo, su próspera compañía tecnológica había quebrado y ahora tenía que lidiar con quienes le causaban problemas. Ya no se atrevía a actuar con tanta osadía y llamar la atención.
—Por aquí.