Carlos, su gesto de fastidio era evidente. —Ella puede buscar su propio tormento, eso no es asunto mío.
Elio no dijo nada, simplemente se acercó a la puerta del salón de té y al final se volvió.
—Carlos, le aconsejo que no se haga el valiente, sin importar si el niño de la señorita Fernández tiene algo que ver con usted. De lo contrario, es posible que su padre no sea tan razonable como yo.
—¿Me está amenazando? —Carlos arqueó sus elegantes cejas.
Elio mantuvo la calma. —Solo es una sugerencia.