Lo que parecía una tarea sencilla, Pedro rompió el rodillo de amasar de un solo golpe, aplicando demasiada fuerza.
—Si aprietas con más fuerza, podrías romper la encimera —bromeó Bella—. Olvídalo, deja eso. Aplasta la masa que ya he aplanado, añade el relleno y luego dóblala.
Pedro le lanzó una mirada a Bella pero no dijo nada, y procedió a aplicar el relleno en la masa como ella indicó.
Sin embargo, sus movimientos eran torpes y desiguales, dejando el relleno demasiado grueso en algunos lugares