Carlos adoptó un tono despreocupado, —¿Qué pasa? ¿Ya te has cansado de Pedro y ahora estás interesada en mí?
Bella rodó los ojos con desdén. Acababa de deshacerse de un hombre presumido y ahora tenía otro sinvergüenza.
—No te preocupes, soy inmune a los hombres. Especialmente a hombres descarados y presumido como tú.
—¡Oh, vamos! ¿Te has enfadado?
—No tengo tiempo para tus tonterías, tengo asuntos importantes que discutir contigo.
—Ven a mi oficina entonces.
Bella llegó a la oficina de Carlos co