70. En sus brazos
Ambos nos despertamos sobresaltados cuando cayó el trueno, y ambos nos volvimos a acomodar en la cama cuando nos dimos cuenta de lo que era. Sonreí un poco y me acurruqué de nuevo, mirando adormilada por la ventana y luego cerrando los ojos, dejando que el ligero golpeteo de la lluvia me volviera a dormir.
Luego, otro fuerte crujido resonó por la casa y mis ojos permanecieron abiertos. Miré a Damián moverse levemente y dormir como un tronco. El hombre podía dormir con cualquier cosa. No quise