El temperamento de Brendan alcanzó su punto de ebullición. Su agarre alrededor de la muñeca de Deirdre se tensó como una pinza destinada a triturar huesos humanos. Tenía fuego en los ojos y, si el homicidio fuera legal, Deirdre estaría muerta allí mismo.
"Felicidades, Deirdre. ¡Me has cabreado de verdad!".
El dolor drenó el color de la cara de Deirdre. Antes de que se diera cuenta de lo que estaba pasando, Brendan la había arrastrado a la fuerza a pesar de sus pasos torpes y tambaleantes. La a