Charlene seguía en silla de ruedas. Sus ojos se pusieron rojos al sentir la injusticia de la situación. "Brendan, ¿quieres que done mi sangre a la señorita McKinnon? Deberías saber que aún no me he recuperado...".
"Cuando ella estaba embarazada, igual te donó su sangre, ¿no?". Brendan impidió que Charlene objetara. "¡No debe morir! Le diré a la enfermera que tenga cuidado al sacarte sangre para que no te haga daño".
El comentario de Brendan equivalía a decirle a Charlene que no podía negarse.