La camisa y el pelo de Deirdre estaban mojados por el sudor. El aire estaba frío y todo su cuerpo temblaba de miedo.
Aunque una puerta la separaba de Brendan, una oleada de frío la invadió y la dejó helada hasta los huesos. La opresión que la acompañaba desde el momento en que apareció parecía como una mano invisible que la agarraba por el cuello, asfixiándola.
Miedo y nerviosismo fue todo lo que sintió durante aquellos pocos minutos.
Cuando Brendan se marchó, se dio cuenta de cuánto temía a