"Así que... así es como has pasado cuatro años de tu vida".
Deirdre se congeló cuando la voz en su oído continuó: "¿Qué hiciste para merecer esto, Deirdre? Si tan solo... Si tan solo te hubiera conocido antes... ¡te podría haber protegido!".
Deirdre sintió que se le hacía un nudo en la garganta. El cuerpo le temblaba. El dolor y la autocompasión tomaron de pronto la forma de un diluvio que le inundaba las venas y le llegaba al corazón. Sus ojos se enrojecieron. Pensó que se había acostumbrado