Los labios de Brendan estaban pálidos, al igual que todo su aspecto. Y, sin embargo, cada palabra sonaba como el golpe de una vieja campana. "¡La veré aunque eso me mate!".
Se puso de pie y empezó a toser a pleno pulmón. Su cuerpo se tambaleaba a cada paso, pero apretó los dientes y marchó hacia la puerta principal... y directo a la nieve.
"¡Basta!", bramó sin aliento la señora Brighthall. "¿Cómo te atreves a chantajear a tu madre con tu propia vida? ¿Y ahora qué? ¿Vas a quedarte afuera en la