En ese momento, la mente de Deirdre se quedó en blanco. Por reflejo, corrió hacia una esquina y se pegó con fuerza a la pared.
Oyó la sonrisa desdeñosa de Brendan. "McKinnon, no sabía que tuvieras miedo a la muerte. Creía que no le temías a nada y que por eso te atrevías a herir a Lena".
El frío del almacén era mucho más cálido que el escalofrío del corazón de Deirdre. Miró fijamente al espacio con los ojos enrojecidos y dijo con voz temblorosa: "Brendan, ¿te arrepentirías si un día te dieras