El primer mensaje de texto llegó un lunes.
Ella estaba en su escritorio, temprano, la oficina aún no totalmente poblada, esa quietud particular de un edificio en los primeros treinta minutos de su jornada laboral cuando solo están en él las personas que no han podido dormir. Tenía su café. Tenía los documentos informativos preliminares para el nuevo proyecto: una asociación de infraestructura tecnológica, sustancial, el tipo de cuenta que consumiría los próximos meses de la misma manera que Ca