Bianca nunca aceptaba las cosas fácilmente cuando se trataba de las ideas de Mave.
Pero ese era el problema.
Mave no exactamente preguntaba. Persuadía, insistía, retorcía las situaciones hasta convertirlas en algo que sonaba como una oportunidad en lugar de una elección, hasta que Bianca se encontraba ya dentro de ello.
Así fue como terminó de pie frente a su espejo esa mañana de sábado, mirándose como si estuviera viendo a una desconocida vestida para una vida a la que no pertenecía del todo.