Maeve no necesitó que Bianca dijera mucho para entender que algo irreversible acababa de romperse.
Ya está hecho.
Las palabras habían salido de Bianca en la puerta, pero en la mente de Maeve sonaban como una sentencia final, como el cierre de una puerta que no volvería a abrirse. No había drama innecesario en el tono de Bianca, solo una calma extraña, como si hubiera cruzado un punto donde el dolor ya no grita, solo ordena.
Maeve se apartó de inmediato para dejarla entrar.
Pasa, Bianca.
La cond