Diego siempre había creído que algunos recuerdos no desaparecen, simplemente se repiten.
Regresan en momentos más silenciosos, cuando el mundo está demasiado quieto, cuando la mente no tiene a dónde huir. Eso era exactamente lo que sentía ahora, sentado solo en un fin de semana que debería haber sido normal, con su teléfono boca abajo sobre la mesa como si estuviera esperando convertirse en una advertencia.
Porque así había comenzado la primera vez.
Un mensaje.
Una advertencia.
Y Bianca en el c