Pasaron unos cuantos minutos hasta que llegó la comida, mientras yo seguía guardando mi distancia del profesor que parecía querer asesinar a quien le dirigiera la palabra. Algo escribía en su celular y en ocasiones parecía sonreírle a la pantalla, así tal cual lo hacía cualquiera que estuviese enamorado, bueno, al menos alguien lo mantenía lo suficientemente ocupado como para impedir que hubiese una masacre en el lugar.
La castaña colocó frente a mí un plato con su respectiva tapa que solía usa