Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl rubio cubrió su rostro con ambas manos, tratando de tranquilizarse, no era propio de él gritarle a una mujer y menos quería gritarle a esa bella joven que cada día quería más, sintió como dos brazos delgados de Yara lo rodeaban y cuando retiro sus manos encontró a la rubia que no solo lo estaba abrazando, también tenía su oído apoyado en el pecho.
— ¿Qué ocurre?
— Nada, solo







