19 Alas.

El rubio cubrió su rostro con ambas manos, tratando de tranquilizarse, no era propio de él gritarle a una mujer y menos quería gritarle a esa bella joven que cada día quería más, sintió como dos brazos delgados de Yara lo rodeaban y cuando retiro sus manos encontró a la rubia que no solo lo estaba abrazando, también tenía su oído apoyado en el pecho.

— ¿Qué ocurre?

— Nada, solo

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