Amelia
Los últimos tres días han sido absolutamente miserables. Declan no dejaba de llamar, no para preguntar cómo estaba, sino para recordarme el dinero que le debía, como si pudiera olvidarlo aunque fuera por un segundo. Cada llamada me dejaba el pecho apretado y los nervios de punta. Encima de eso, Maxwell seguía preguntándome si ya había empezado a tomar las pastillas de fertilidad. Cada vez que lo mencionaba, sentía como si me añadieran otro peso más a los hombros.
Pasé el fin de semana co