— Vuk Marković (POV)
No me dejaron entrar al quirófano.
Ese fue el momento en que todo empezó a resquebrajarse: no de forma ruidosa ni de golpe, sino en líneas finas e invisibles que se extendían desde mi pecho hasta que pude sentirlas en todas partes.
Las puertas dobles se cerraron frente a mí con una finalidad amortiguada; las pequeñas ventanas rectangulares estaban lo bastante empañadas como para impedirme ver más allá del duro resplandor blanco de las luces quirúrgicas. El clic del pestillo