Vuk
Me desperté con su boca en mi garganta y sus piernas desnudas enredadas con las mías, la luz de la mañana cortando las persianas y pintando rayas doradas sobre su espalda.
Por primera vez en mi vida adulta no busqué el móvil.
La busqué a ella.
Hizo ese pequeño sonido somnoliento al que ya era adicto, mitad protesta, mitad invitación.
La puse encima de mí, las manos bajando por la seda de su columna hasta que agarré su culo y la coloqué exactamente donde la quería.
—Buenos días, esposa.
Jennie alzó la cabeza, el pelo rubio plateado hecho un desastre salvaje, ojos grises todavía suaves por los sueños.
—Buenos días, marido. Me prometiste normalidad hoy, ¿recuerdas?
Gruñí. Normal. La palabra sabía extraña en mi boca.
—La normalidad empieza con el desayuno —dijo, besando la comisura de mis labios y escapándose de la cama antes de que pudiera atraparla otra vez.
Verla desnuda, caminando por mi dormitorio como si fuera suyo (y lo era) casi me hizo romper la promesa ahí mismo, sobre el su