Vuk
Me desperté con su boca en mi garganta y sus piernas desnudas enredadas con las mías, la luz de la mañana cortando las persianas y pintando rayas doradas sobre su espalda.
Por primera vez en mi vida adulta no busqué el móvil.
La busqué a ella.
Hizo ese pequeño sonido somnoliento al que ya era adicto, mitad protesta, mitad invitación.
La puse encima de mí, las manos bajando por la seda de su columna hasta que agarré su culo y la coloqué exactamente donde la quería.
—Buenos días, esposa.
Jenn