Vuk Markovic:
Cuando desperté, las luces eran cegadoras y agudas.
Hice una mueca por el dolor que me atravesó el hombro.
¡Maldita sea! De verdad tenía la peor suerte.
—¡Jefe, está despierto!
—Sí… te debo esta —murmuré entre dientes apretados.
—Su esposa —la señora— ha estado llamando —dijo Luka con cautela—. Le dije que se había ido de viaje de negocios y que no volvería en dos días.
—Mm. Gracias. —Hice una pausa—. ¿Y la mujer y su hija?
—Abajo. Las dos están dormidas. Les di comida y agua. No