Louisa
La noche estaba tranquila mientras la luna proyectaba su brillo sobre las calles vacías. Me dolían los pies de tanto caminar, pero no podía detenerme. El frío se pegaba a mi piel, colándose por las mangas. Me abracé con más fuerza a mí misma, aunque no sirviera de mucho.
No tenía nada: ni dinero, ni teléfono, ni idea de hacia dónde me dirigía. De repente pasó un coche, pero al dejarme atrás redujo la velocidad y comenzó a dar marcha atrás hacia mí.
El corazón me dio un vuelco. Cada nervi