CHRISTIAN
Entro en mi dormitorio. La puerta se cierra con un clic. El pestillo gira.
La escena frente a mí me recuerda dónde debería haber estado y qué debería haber estado haciendo.
Sobre la cama hay una mujer tumbada. Tiene las muñecas esposadas. El encaje azul se hunde en su piel. Tiene las piernas largas y una sonrisa falsa y ensayada pintada en el rostro.
Es hermosa. Madura. Nada que ver con la pequeña que estaba conmigo.
Me mira a través de las pestañas entrecerradas.
—Hola, Daddy —