Capítulo 37. Un heredero sin fortuna
Lorenzo se desesperó al ver a su hija en ese estado y comenzó a gritar fuerte llamando a Sara, él no sabía qué hacer, nunca había lidiado con una situación igual, temía moverla y que terminara lastimándola más. Sus gritos eran tan fuertes que Sara lo escuchó y, en seguida, corrió al patio con el corazón palpitando en su garganta: algo había pasado, el terror en la voz de Lorenzo era alarmante.
—¡Zoe, Dios mío! —pronunció asustada cuando vio a la niña en el suelo. Corrió hacia ella y se arrodil