Ana escuchó mi pregunta y guardó silencio por un momento, supuse que debía estar un poco triste. Al instante, suspiró y dijo: —Bueno… tienes razón, pase lo que pase, ¡él tiene familia! Él también es valioso, aunque esté bien conmigo, todavía no es lo mismo que vivir con su familia, ¡la sangre tira!
Al decir eso, pude percibir su resignación.
—Entonces, está decidido, deberías hablar con Víctor y ¡considerar tener un segundo hijo! —susurré suavemente.
—No te preocupes, Víctor solo puede mejorar